sábado, 26 de septiembre de 2009


Ningun hombre la amó, a nadie revelo su pasion y los juegos, el deseo clandestino. No hubo cartas de amor, no hubo dia del orgullo, no le devolveran los veranos perdidos. Y cernuda lo ve suspirar, triste, desde el Pernaso, San sebastian asaetado reza por tus pecados, llora por ti, no olvida al que sufre en silecio, a su oveja perdida.
Miran al cielo y piden un deseo: contigo la noche mas bella. Amores imposible que escriben en canciones el trazo de una estrella. Cartas que nunca se envian, botellas que brillan en el mar del olvido. Nunca dejes de buscarme, la excusa mas cobarde es culpar al destino
Cuando salga de clase lo volvera a encontrar en el lado salvaje, tras el humo del hash. El, dulce calavera. El, corsario de barrio. Ella, dulce muñeca. Ella, seria, y formal. El no escucha el rumor de sus alas si pasa a su lado, pobre blancanieves, nuestro principe prefiere a la madrastra, a la mala del cuento. El sera la manzana donde duerme el veneno.
Ella soñara un verso que el nunca escuchara, el no trepara sus trenzas una noche de invierno, ella soñara un viaje, y no habra despedidas, ni canciones de amor, ni Capuleto y Montesco. Creceran y en la espuma del tiempo se deshacen sus sueños, no quedara ni un recuerdo ni en la noche un lamento, quizas una leve herdia que lavara el olvido o el agua en la clepsidra.

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